Camino de Palmira…

03Palmira000001A raíz del conflicto sirio, con frecuencia me vienen a la cabeza pasajes y momentos de cuando estuve visitando el país justo 12 meses antes de que estallara la guerra civil. Hoy me viene a la memoria el día en que estaba en mitad del desierto de Siria, a más de 200 km a oriente de Damasco, a medio camino entre el río Orontes y el Éufrates. Mi última parada había sido Malula, curiosa ciudad por donde las haya ya que es una de las muy pocas poblaciones donde aún se habla el arameo, lengua nativa de Jesús.

La furgona, con el aire condicionado a medio gas, que me llevaba de Damasco a Palmyra caminaba por una carretera sin fin, con el único objetivo de llegar lo antes posible a la cafetería Bagdad, un chiringuito de carretera en medio de la nada, parada obligatoria para reponer fuerzas, tomarse un te y refrescarse la cara justo antes de adentrarse en el desierto. Al cabo de unas horas, tras circunvalar una pedregosa colina coronado por los restos de un castillo, hace su aparición un inmenso bosque de columnas 03Palmira000010marmóreas de color dorado, destacando contra el fondo de intenso verde oscuro de otro bosque de palmeras, las que dieron su nombre a Palmyra, oasis y ciudad caravanera en medio del inhóspito desierto sirio.

Tadmor es el antiguo nombre en arameo del oasis en que creció la ciudad bautizada como Palmyra por los romanos. Y es también el nombre con que conocen actualmente los sirios al lugar. La Biblia menciona, en textos escritos hacia el 200 d C, la existencia de un poblado de principios de la época helenística en 03Palmira000011este emplazamiento. Hoy es una extensa llanura poblada de ruinas, los vestigios de lo que fue un reino lleno de esplendor, gobernado por la reina Zanubia y que, como Cleopatra, tuvo la osadía y valentía de enfrentarse y sucumbir ante el todo poderoso imperio romano.

Una lápida en lo alto de una columna, en el punto donde la carretera atraviesa la muralla norte conectando las ruinas con el pueblo nuevo, nos informa que llegamos al lugar: ‘Palmyra. The bride of the desert’. También hoy Tadmor cumple las funciones de etapa como antaño: oasis en el medio de la nada, por este enclave pasa y para el intenso tráfico entre Damasco y Deir ez-Zur, población a orillas del  Éufrates y que sería nuestro final de etapa del día siguiente.

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