Colores a pie de mar…

Tenía dudas cuando programe este viaje si ir a la Costa Amalfitana, quizás mas conocida y celebre o al Parque Nacional de las Cinque Terre, en la Costa de Liguria, muy cerca de Génova, una  zona igual de bonita, más salvaje y menos masificada. Ambas son ideales para una escapa de tres o cuatro días. Objetivo: empaparse de toda la esencia de Italia. Pequeños y pintorescos pueblos, paisajes marinos sobrecogedores y por supuesto, todas las delicias de la gastronomía italiana.

Al final opté por los cinco pueblos que dan nombre a Cinque Terre y que forman parte del paisaje montañoso que rodea la Riviera di Levante, la más ondulada y pintoresca.

Los pueblos del Cinque Terre son un destino ideal.  Todos están estupendamente comunicados por trenes que pasan cada diez o quince minutos y van parando en los cinco, que distan unos 5 minutos de distancia unos de otros, aunque reconozco que la gracia es hacerlo caminando por el conocido sendero Azzuro que bordea el mar y que une los cinco pueblos, a través de un paisaje que deja, a un lado, olivares y, al otro, viñedos cultivados en terraza de los que proceden los vinos blancos y secos tan característicos de la región, lo cual nos llevará dos o tres buenas horas de senderismo para luego volver en tren.

Vamos allá, Monterosso al Mare, es quizá la más turística de todas las Cinque Terre. Tiene la única playa natural, rodeada de rocas que parecen esculturas gigantes. Aviso para navegantes: la mayoría de las playas aquí son privadas, es decir hay que pagar una entrada que da derecho a hamaca y sombrilla.

Un poco más al sur, Vernazza brinda el mejor mirador posible sobre el mar, una plaza encantadora para disfrutar de sus silencios y callecitas unidas todas por empinadas escaleras.

En lo alto se intuye siempre Corniglia, la única interior y rodeada de viñas y viñedos y a la que sólo es posible llegar después de subir desde la estación unos cuantos, y siempre costosos, escalones y empinadísimas cuestas. Miento, hay un microbús que te ahorra el esfuerzo.

Manarola, es sin duda una de las más bonitas, también con espectaculares vistas de la costa y con un maravilloso paseo que bordea los acantilados (Vía del Amore) y la une al vecino pueblo de Riomaggiore.

Y por último, Riomaggiore, es sin duda es el más pintoresco de todos los Cinque Terre y es famoso su puerto de casas abigarradas de colores dando al mar, bastante salvaje en esta zona,  donde el bravo Mediterráneo se cuela sin permiso hasta la mismísima plaza.

Aunque no están incluidas en el Parque Nacional de las Cinque Terre hay otras poblaciones con un encanto especial como Porto Venere, donde me hospedaba, y que parece un escenario de cuento, Camogli, Rapallo o incluso Portofino, en lo que se conoce como la Riviera Italiana.

Ahora ya solo queda el recuerdo de colores junto al mar y esos finales de jornada tomando un Aperol Spritz o un gelatto en sus terrazas; placeres que no tienen precio.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Lugares increíbles. Gracias por el post! Planeo visitar esas tierras el próximo año. Saludos desde Chile.

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