Hanoi, o donde cruzar y no morir en el intento

El tráfico en Hanói es una locura, bueno en realidad en todo Vietnam es una locura. Cada vez que un semáforo se pone en rojo empiezan a llegar motocicletas de todas partes y cuando la luz cambia a verde ya son cientos las que rodean a los coches por todos lados.

001 Hanoi-037Ver el tráfico es todo un espectáculo. Es como ver una película en 3D donde se dan todo tipo de situaciones, a veces cómicas a veces dramáticas. De entrada decir que en Hanói llama la atención que no mucha gente utiliza el casco mientras conducen la moto y en general las mas mínimas reglas de tráfico se las pasan, como diríamos por aquí, por el forro.

El tráfico es caótico, ruidoso y peligroso. Las motos no solo se limitan a ir por la calzada, sino que también circulan en dirección contraria, por la acera, entre los coches. Los pocos afortunados que no disponen de una moto para moverse por la ciudad de Hanói, bien intentan moverse en bicicleta entre el tráfico o echan su suerte al intentar caminar por las estrechas aceras o directamente, caminando por la carretera y las calles de Hanói. Ah y que pena que en las fotografías no puede captarse el incesante tocar de la bocina de las motos.

VTM_7744-1Los pocos coches que ruedan entre el tráfico de Hanói, no tienen más remedio que esperar a que la riada de motos que circulan o mejor dicho, atascan las calles continúen su camino.

Al caer la noche, el paisaje urbano no cambia pero las luces de las motos, que son lo único que iluminan las estrechas calles de la vieja ciudad de Hanói, dan un incierto espectáculo de luz y color.

La moto es una extensión del cuerpo de los habitantes de Vietnam. Es indiferente si se está descansando tranquilamente en un parque, la moto siempre acompañará a todo habitante de Hanói, vaya por donde vaya.

DSCF5280-1Pienso que los biólogos deberían empezar a estudiar el fenómeno porque las motos se comportan como un jodido ecosistema. Un enjambre de abejas motorizadas dispuestas a seguirte a cualquier lugar como si acabarás de destruir su nido.

En cada semáforo rojo, los conductores se compactan mirándose el uno al otro con una mezcla de indiferencia y odio y tratan de obtener los mejores lugares en la parrilla de salida y una vez cambia a verde, se ponen en marcha de forma sincronizada, casi de una forma romántica. Ocupan toda la calle y si un coche es lo suficientemente valiente como para venir en sentido opuesto sin dudarlo siguen adelante.

Nadie frena. Parece un duelo medieval. Es sólo cuando piensas que el choque es inevitable que el rebaño metálico de scooters se abre absorbiendo el coche en su interior. Es un espectáculo fascinante.

Acto seguido, las motos empiezan a abandonar el rebaño y se mueven en cualquier dirección posible, ningún problema si se trata de una acera, una calle peatonal, o un callejón, obviamente, demasiado estrecho para una moto o simplemente otra calle normal. Acabarán por unirse a otro rebaño en el siguiente semáforo rojo.

Vietnam-043-1Pero si hay algo que te aporta dosis de adrenalina en cantidad es cruzar las calles entre el tráfico de Hanói. De hecho requiere de ciertas habilidades, técnica y grandes dosis de valor para cruzarlas en hora punta. Os imagináis a Moisés cruzando el mar rojo, fue una cuestión de fe….pues es lo mismo en Hanói para cruzar una calle. El principal problema para el peatón es que los semáforos son extremadamente raros en Vietnam y hay que cruzar la calle sabiendo que nadie va a parar. “Frenar” no es una acción que los conductores vietnamitas consideran.

No me entendáis mal. No creo que los vietnamitas sean mezquinos. Bueno, si lo son, es más correcto decir que entiendo su situación y no les culpo por serlo.

VTM_7749-1Ellos no tienen la cultura de respetar los peatones. Pero la experiencia les hace seguir adelante con la esperanza de que al final el peatón sea lo suficientemente rápido como para evitar las motos.

Tú aprendes a tener fe y empiezas a caminar y esperas que las motos que circulan en ambas direcciones te eviten. Han desarrollado un sexto sentido para esquivar los obstáculos en el último momento. De hecho así sucede,…bueno, casi siempre. La mala noticia es que a veces se equivocan.

Un consejo que no se si os será de utilidad si un día os perdéis por Vietnam: yo solía mirar directamente a los ojos del conductor más cercano mientras estaba cruzando la calle. Supongo que era mi manera de decirle que yo también era un ser humano y que si me mataba, se iba a arrepentir toda su vida…

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